La cultura manteña (800-1530 AD) se estableció en la costa ecuatoriana, en el sur de la provincia de Manabí, extendiéndose a Guayas y la isla de Puná, en una variante conocida como cultura Huancavilca. En general, el paisaje consiste de franjas áridas de costa, intercaladas de franjas húmedas, con cerros de clima más tropical, hacia el Este. Siendo pueblos navegantes, es casi previsible que el patrón de asentamiento de los manteños haya sido junto al mar. De hecho, sólo en los sectores de Manta y Salango, se nota una apreciable penetración en el hinterland costero, donde aprovecharon de su topografía montuosa para instalar sus centros principales, como son los casos de Cerro de Hojas y Cerro Jaboncillo, de no más de 200 m. de altura sobre el mar. La cultura manteña fue descubierta, a comienzos del siglo XX, por Marshall Saville quien produjo su monumental “Antiquities of Manabi”, con amplia descripción de la cultura material, principalmente de los sitios ubicados en los cerros mencionados. Posteriormente, en 1917 y 1923, Jijón y Caamaño llevó a cabo excavaciones sistemáticas en la misma zona, sin lograr publicar los resultados de las mismas. Aun así, logró formular por primera vez, los elementos constitutivos de la cultura arqueológica manteña en su Antropología Prehispánica del Ecuador, incluyendo la posibilidad de la existencia de una cultura similar en la provincia del Guayas.
Por cierto, las casas arqueológicas (llamadas localmente “corrales”) estaban reducidas a su mínima expresión: piedras acumuladas, a nivel de cimientos, cerrando un espacio rectangular de dimensiones variadas, entre 5 x 6 m. para una casa pequeña de un solo cuarto y 57 x 11 m. para una grande, que podía albergar hasta siete cuartos. El ancho de las paredes era variable, generalmente en torno a 1 m. Generaciones de manteños modernos usaron la antigua ciudad como cantera, contribuyendo así a su destrucción y obliteración total. En los cerros Jaboncillo, de Hojas y otros sitios, la situación no es mejor, de manera que se ha vuelto casi imposible determinar los rasgos de la arquitectura manteña precolombina. Afortunadamente, en el valle de Buenavista, donde se encuentra la comuna de Agua Blanca, Colín McEwan logró encontrar asentamientos manteños en mejores condiciones, con enormes muros colapsados pero que permiten avizorar detalles arquitectónicos y sobre todo cuestiones relativas a la jerarquía de los asentamientos. Los cimientos de Buenavista muestran edificios en grupos de hasta 40 estructuras, con alineamentos escogidos a propósito, de acuerdo con los solsticios y los equinocios.
El elemento clave de la jerarquía es la conocida silla manteña de piedra, tan peculiar por su forma en U, sobre figuras humanas o de puma (entre otras) agachadas, en posición de sumisión (se estima que las sillas con figuras humanas eran las de los señores, y las de figuras de felino, de los sacerdotes). Este rasgo cultural es parte de una larga tradición arqueológica y etnográfica del uso de asientos de shamán en el Area Intermedia. Asociadas generalmente con arquitectura pública en la zona de Cerro Jaboncillo, las sillas en U parecen definir, por su mera presencia, el núcleo de la cultura manteña precolombina. No sorprende entonces que el hallazgo de sillas en Agua Blanca, haya llevado a McEwan a proponer que esta localidad era otro centro manteño de considerable poder político y religioso en el valle de Buenavista..
La cerámica manteña es generalmente negra pulida, con decoraciones pre- y postcocción en motivos variados, como líneas verticales, campos reticulados, volutas, etc.; a veces con representaciones de caras humanas (mascarones) en el cuello de las botellas o en el cuerpo de las compoteras.





