Esta no es una historia común, y definitivamente es una historia real que le sucedió a mi padre durante su adolescencia. Tenía él unos 12 años y era su turno de cuidar el ganado en esa noche. El ganado estaba en las alturas del pueblo y allí lo esperaba mi abuelo.
En medio de la calma en que vivía la ciudad de Loja en aquella época en que aún no se conocía la luz eléctrica y las pocas callejas quedaban sumidas en la obscuridad a las siete de la noche, comenzó a suscitarse un hecho que aterrorizó a la escasa y recatada población de ese entonces.
Pueblo de San José
Mi padre partió cayendo la noche, tenía que caminar por lo menos unas dos horas desde el pueblo de San José, para llegar a la chacra, y a la mitad del camino tenía que atravesar el cementerio.
Precisamente cuando terminó de cruzar el cementerio, sintió unos pasos, pensó que era su hermanito menor que en ese entonces lo seguía para todos lados, así que empezó a gritar su nombre…. Pero no hubo respuesta.
Siguió avanzando, el temor comenzó a apoderarse de él… y nuevamente los pasos. Volteó y observó a un hombre ataviado con un poncho y un sombrero que lo seguía. Quiso detenerse, pensó que podría ser alguien del pueblo, y así no se sentiría solo.
Al ralentizar sus pasos y virar de nuevo, notó con espanto, que no era un poncho sino una túnica, que el sombrero estaba sujeto en el aire, y que el hombre sin cabeza parecía flotar.
Aceleró los pasos, ya se encontraba cerca de mi abuelo y empezó a llamarlo: ¡Papá! ¡Papá!…
Mi abuelito como sospechando, saltó de su provisorio lecho, y comenzó a bajar de la altura gritando el nombre de mi padre: ¡hijo, hijo, estoy bajando!
El cura sin cabeza se desvaneció. Dicen los abuelos del pueblo que huye cuando ve dos a más personas. Mi abuelo sabiendo ello, empezó a gritar el nombre de mi padre para evitar que el cura sin cabeza espante a mi padre.
Tan pronto en la iglesia mayor sonaban las doce campanadas que marcaban el filo de la media noche despertando a brujas y fantasmas, sobre el empedrado de la calle bernardo valdivieso (1) se escuchaba el ruido producido por los cascos de un caballo que salía a todo galope desde un recodo de la miguel riofrío y luego se perdía por las calles periféricas de la ciudad que entonces eran apenas estrechos callejones.
Las personas que admiradas de la audacia del jinete que se atrevía a salir a esa hora de la noche se asomaban a sus puertas o balcones, sólo atinaban a ver un cuerpo con capa y sotana de cura pero…!sin cabeza!
A pesar de la rapidez con la cual cabalgaba el jinete, pero dada la circunstancia de que la escena se repetía diariamente, los curiosos aseguraban que debajo de la sotana habían visto los pies del jinete sobre los estribos e igualmente las manos que sobresalían del negro manto y sujetaban fuertemente las bridas, pero nadie la vio jamás la cabeza porque definitivamente no la tenía. de allí que el “fantasma” fuera bautizado con el nombre de cura sin cabeza y desde entonces no hubo en la ciudad un tema que gozara de mayor popularidad: los hombres muy valientes, por cierto aseguraban haberlo visto frente a frente, mientras que las mujeres se santiguaban cuando oían mencionar su nombre y para los niños no había mejor cosa que nombrar al “cura sin cabeza” para que se portasen bien e hiciesen lo que ordenaban los adultos.



