El tren en el Ecuador empezó su construcción en el año de 1873 en el mandato del presidente Gabriel García Moreno, con una ruta de viaje que iba desde Yaguachi hasta Milagro, recorriendo 41 Km, la obra se retomó en 1895 y en 1897 se crea la empresa The Guayaquil and Quito Railway Company dando inicio a la construcción de la siguiente fase vial con el ferrocarril del sur.
En el año de 1902 se llego a un punto que le dio renombre internacional por la complejidad de la obra, la construcción de la línea férrea en lo que ahora se denomina “Nariz del Diablo” en el cerro Nido del Cóndor
Este medio de trasporte a partir de 1975 inicio una lenta decadencia debido a la competencia por el trasporte automotor y la falta de apoyo gubernamental, y no es hasta el año 2008 que es declarado por el Instituto de Patrimonio Cultural como patrimonio cultural del Ecuador y al red ferroviaria “Monumento Civil y patrimonio histórico, testimonial, simbólico” dando inicio a un largo proceso de recuperación.
La historia férrea de Ecuador tiene sus altos y sus bajos, sus buenas y sus malas, una vida, una muerte y un renacer. Sin embargo, todo lo que está en el medio: planicies y montañas y un entreverado de anécdotas son las que construyen las rieles de este tren.
Las marcas del ferrocarril
Su principal diversión era subirse por la escalera trasera del tren, cuando este ya estaba andando, y luego bajarse en las estaciones de San Bartolo, Machachi o Tambillo. “Era nuestro parque de diversiones”, dice; aunque también su castigo. Cuando se portaba mal, su madre los llevaba a bañarse en el agua helada del “chimbuzo”, un tanque que almacenaba este líquido para las máquinas de vapor.
Fernando Freire Manzano, quiteño que vive en Durán (Guayas), tiene toda una historia con el tren. Hace 27 años hizo su último viaje en la locomotora con su hijo, cuando este tenía 7 años; sin embargo recuerda sus anécdotas con las rieles desde muy pequeño, cuando era vecino de la estación de Chimbacalle, en Quito (Pichincha).
Hace 12 años, cuando se fue a vivir a Durán con su familia, descubrió que tenía los carriles del tren tatuados en el árbol genealógico. Su abuelo, su padre y su tío fueron ferroviarios.
Descubrió que tenía los carriles del tren tatuados en el árbol genealógico
Todo lo que cae en las manos de Fernando se vuelve tren. Foto: Sarah Carrozzini.
Todo lo que cae en las manos de Fernando se vuelve tren.
Ahora se dedica al arte ferroviario, por así decirlo. “Las cosas que me caen en las manos se vuelven trenes”. Él hace esculturas miniaturas en forma de este medio de transporte con artículos reciclados y además promueve la memoria histórica de este emblema ecuatoriano a través de actividades culturales.
En esta movida cultural ferroviaria también está Pedro Villegas. “Crecí escuchando el pito del tren todos los días y también oliendo su humo, el petróleo de las locomotoras, el crujir del paso de los rieles”, relata. Él es oriundo de Durán y la marca del ferrocarril se quedó impregnada en su memoria. Así, desde hace 6 años se ha sumergido en la historia de la vía férrea ecuatoriana, dirigiendo una trilogía de documentales con esta como su eje. La primera fue “El Camino de los Demonios”, ahora está en postproducción “Maquinita Davis” y la tercera parte está en proceso de guión.
“Crecí escuchando el pito del tren todos los días y también oliendo su humo, el petróleo de las locomotoras, el crujir del paso de los rieles”
Las memorias de Pedro y Fernando se unen de costa a sierra, de Durán a Quito, como lo hace también este “máximo símbolo de unidad nacional”, según manifestó el presidente Eloy Alfaro, cuando el tren llegó por primera vez a la estación de Chimbacalle, en junio de 1908.




