
Los punáes fueron un grupo de la Sociedad Guancavilca correspondiente al periodo de Integración (500 d.C. – 1530) de la Prehistoria de la Costa Ecuatoriana, asentada en el territorio comprendido entre el río Chone al norte y la isla Puná con la franja costera de El Oro al sur, región donde se relaciona con la Sociedad Milagro Quevedo Quevedo.
Los punáes se situaron en la isla Puná, donde los restos arqueológicos encontrados se remontan desde el periodo Formativo Temprano: Valdivia.
Los Guancavilcas constituyeron una sociedad más compleja en relación con otras sociedades de periodos antecesores, debido a que desarrollaron la navegación a grandes distancias manteniendo el contacto comercial con otras regiones de América. Además trabajaron la agricultura, pesca, ganadería, textilería y metalurgia, así como la construcción de obras de ingeniería agrícola, como albarradas, represas en zonas secas para cuando llegue el Fenómeno de El Niño aprovechar el agua lluvia e inclusive se cultivaba alrededor de ella y se pescaba en su interior y camellones, montículos de tierra de forma rectangular, circular y alargadas en zonas inundables. También desarrollaron un intercambio comercial de la concha spondylus y no se dejaron someter por los incas.

El arte cerámico guancavilca no posee la calidad artística de los periodos anteriores, por lo que nos permite pensar que no dedicaron mucho tiempo a esta actividad.
Sin embargo, supieron tallar muy bien la piedra para elaborar obras artísticas usadas para rituales, como es el caso de la piedra ceremonial, que según el testimonio del Héctor Montero, investigador histórico de Puná, ésta fue descubierta en la ciénega “La Cercada” localizada en Campo Alegre (isla Puná), por un campesino de la localidad llamado Eduardo Sánchez.

La piedra fue traída a Guayaquil en 1905 y trasladada al Museo Municipal en 1993, considerándosela hoy en día como uno de los tesoros patrimoniales del mencionado museo y de los ecuatorianos, ya que junto a los postes totémicos y monolitos de piedra como San Biritute representan obras artísticas prehispánicas monumentales.
Cabe resaltar que la piedra ceremonial no pudo ser descubierta por el profesor Francisco Huerta Rendón (1908-1970), como se menciona en algunos textos de historia, puesto que aún el no había nacido.
En la piedra se aprecia la talla de dos lagartos y un orificio con dos vertientes sobre el lagarto más grande, sobe la cual sen cree los punáes realizaron sacrificios humanos, hipótesis basada acorde a la interpretación de las Décadas de Indias de Antonio de Herrera y Tordesillas (1549 – 1625), escritor español y Cronista Mayor de Indias, que describe los acontecimientos de los primeros cuarenta años de la Indias Occidentales (América) conquistada por los españoles. Aún falta realizar más estudios para aseverar que en dicha piedra se realizaron o no sacrificios humanos.


