
Desplazamiento, rutas de vuelo, velocidad, altitud, sitios de descanso y zonas en las que se abastecía de alimento son algunos de los datos que reveló el rastreador satelital que portaba Felipe,
el cóndor andino que fue liberado el 23 de julio del 2013, en la reserva Antisanilla, en Pichincha y que hace 11 días fue hallado muerto, en los páramos de laguna de Salayambo, en Napo. La señal que emitía marcó un punto fijo por varios días, eso les permitió ubicar al ave muerta sobre el pajonal. Sebastián Kohn, biólogo del Grupo Cóndor, informó que aún no tienen estadísticas sobre el total de km que Felipe recorrió en los nueve meses que portó el GPS. Sin embargo -dijo- que un solo día había volado 200 km. La necropsia practicada en el Hospital Veterinario de la Universidad San Francisco de Quito evidenció la presencia de una munición de grueso calibre, además de orificios de entrada y salida de otras municiones en los sistemas digestivo y respiratorio; estas le causaron una hemorragia profusa y finalmente la muerte, informó el veterinario Andrés Ortega, del Fondo Tueri y quien formó parte de la expedición que halló el cadáver del cóndor. “No solo mataron un cóndor… ¡Cazaron a un ícono de la conservación de esta especie! Felipe fue estudiado por casi un año, generó información muy valiosa para la protección de su especie”. Entre los datos que reveló el ave a los científicos está el descubrimiento de nuevos dormideros. El cóndor descansaba en zonas ubicadas en Quilindaña y Chalupas, sitios que anteriormente se desconocían como lugares con presencia de cóndores. Kohn asegura que el cóndor logró insertarse en un grupo “quizás su propia familia”. Esta afirmación tiene sustento en las salidas de campo que realizaron los expertos a los sitios en los que Felipe pasó la mayor parte de su tiempo. “Al viajar a estos lugares pudimos observar que otros especímenes también surcaban esos cielos y descansaban en grupo ahí “, recordó Kohn.