
En comparación a mayo del 2013, la Asamblea pierde respaldo. Falta de independencia, escasa fiscalización y una desconexión con la gente son los factores. La aprobación de la gestión de la Asamblea Nacional por parte de la ciudadanía sufrió un descenso.
Los porcentajes históricos de alta aceptación conseguidos en mayo del 2013 y que se consolidaron a lo largo de ese año, no pudieron sostenerse en el 2014. Así lo ratifican las cifras de Cedatos y Market. Si bien entre las dos encuestadoras existen diferencias en los datos obtenidos, ambas confirman que ya existe una “tendencia a la baja”. Según Cedatos, el techo de este período legislativo se dio en agosto del 2013 cuando la Asamblea Nacional, en manos de Gabriela Rivadeneira, alcanzó el 45% de aprobación. En la actualidad, esta cifra se ubica en un 38%, es decir se perdieron 7 puntos. Las cifras de Market en cambio establecen una brecha aún mayor. Según esta, la máxima calificación a la gestión legislativa se dio en julio del 2013, cuando se ubicó en el 60%, cifra distante a la registrada en septiembre del 2014, cuando perdió 25 puntos y se ubicó en un 35%. “La Asamblea está entrando en una crisis de representación. El poder Ejecutivo y el poder Legislativo son vistos como uno solo”, asegura Francis Romero, director de investigación de Market. Según las dos firmas, existen cuatro factores claves que son percibidos por la ciudadanía y que fueron obtenidos en grupos focales (charlas a profundidad con colectivos sobre temas específicos) y que han repercutido en la aprobación de legislativo. El primer factor es la escasa fiscalización por parte de los legisladores. De hecho, según el Observatorio Legislativo, durante los 15 meses de este período no se ha impulsado ningún juicio político. Otro elemento de esta merma es la falta de una agenda propia y la dependencia a las normas enviadas desde el Ejecutivo. En tercer lugar, las dudas nacen de la aprobación de leyes que la población no conoce a profundidad como el Código Orgánico Integral Penal o el Código Monetario. Y, finalmente, la pretensión de Alianza País de cambiar la Constitución vía enmienda genera este rechazo que señalan. Esta baja en la aceptación no solo afecta a la Legislatura como tal, sino a sus representantes. Gabriela Rivadeneira, por ejemplo, tenía una aprobación del 45% al inicio de su gestión; ahora es de 35%. El director de Cedatos, Polibio Córdova, dice que el nivel de confianza que la población tiene en los parlamentos es bajo en comparación al apoyo que recibe un Primer Mandatario. Cita como ejemplo los años de 2005 y 2006, cuando esta cifra se ubicó en el 6%. Si bien Córdova reconoce que la actual Legislatura está en baja, no deja de ser la mejor puntuada en la última década. Incluso supera la aprobación durante la administración de Fernando Cordero, que entre el 2009 y el 2013 se mantuvo entre el 28%. Dentro de la arena legislativa, tanto opositores como oficialistas manejan sus propias hipótesis sobre esta baja en la aprobación. Para los primeros, este descenso obedece a la falta de independencia y a la llegada de temas complejos para la coyuntura, como los fondos previsionales o las utilidades de las telefónicas.