La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, completa hoy los primeros 100 días de su segundo mandato con su popularidad por los suelos, acosada por los escándalos de corrupción y obligada a sortear las turbulencias económicas y disputas permanentes con el Congreso.
La frágil situación económica y la crisis política han colocado a Rousseff en una delicada situación, inédita para un gobernante brasileño en el inicio de un periodo presidencial, e incluso ha tenido que enfrentar manifestaciones multitudinarias en su contra y eludir presiones de sectores que piden abiertamente su destitución
