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Manabi, 2 ciudades 2 polos

Es por eso que hay que hablar de dos focos urbanos en Manabí: Manta y Portoviejo.

Josep Maria Llop TorneEste artículo es la reflexión de un urbanista experto invitado el pasado mes de marzo en Manabí, Ecuador, a participar a unas conferencias y talleres en las ciudades de Manta y Portoviejo. De esta colaboración y diálogo con académicos, profesionales y políticos de Manabí surgen estas reflexiones y también de una visita inicial realizada en agosto de 2016 después del terremoto del 16A. Se trata de una reflexión pública que quiero compartir con todas las personas que tienen vinculación con el territorio manabita.

Manabí es la dimensión mayor de costa y del territorio de las laderas andinas más grande del Ecuador, lo que se ha evidenciado en diversos momentos de la historia de este país. Manabí está entre los dos focos de la urbanización potente de las capitales de la sierra (Quito) y de la costa (Guayaquil) y tiene algo que las dos ciudades metropolitanas no poseen: la mezcla de espacios del litoral y del valle fluvial que constituyen los elementos base de sus dos ciudades mayores, Manta y Portoviejo.

Es por eso que hay que hablar de dos focos urbanos en Manabí: Manta y Portoviejo.

Esas dos ciudades, articuladas con sus territorios cercanos, son el potencial de esa región. Manta está ubicada sobre el océano y Portoviejo sobre el valle fluvial y son ambas piezas del mismo marco: ambos espacios y ambos ecosistemas no están desconectados, sino que están conectados por la dimensión geográfica y sistémica del espacio, con una ciudad a media cuenca y la otra en la desembocadura. Voy a intentar tejer reflexiones y conclusiones conjuntas y rehusaré la vista urbana desenfocada, que viene de mirar solo hacia adentro, para encontrar además de sus potenciales urbanos internos, sus puntos de complementariedad, entre la ciudad ambiental (Portoviejo) y la ciudad litoral (Manta).

MANTA
Para Manta es clave pensar su frente marítimo, es decir su relación con el océano. No es correcto pensar en términos de piezas separadas entre sí, hay que considerar toda la línea de costa, desde “Tarqui” o desde el cruce de los Esteros, con el litoral, hasta las playas de Santa Marianita. Se debe conjugar los potenciales de dos elementos ya claros en la actualidad: el potencial de sus puertos, expresados en plural, y el potencial de sus funciones turísticas, pensando en su planificación y no solo en los usos compatibles. Hoy los efectos derivados de la contaminación urbana y costera son evidentes y hay que pensar en ellos como base de la transformación de la calidad urbana de esa ciudad. Una secuencia, que empieza en el sur y sube por ese mismo litoral, sería esta: unas playas con atractivos de pesca artesanal, de ocio y de residencias de playa, que podría ser la dimensión del sur de la costa; en el centro hay que aprovechar los espacios de calidad marítima a ambos lados del puerto actual (habría que estudiar su traslado a Jaramijó), es decir mejorar las playas del malecón escénico y gestionar el tramo entre el puerto y la “Poza” que han de ser re-urbanizados. Los elementos de los puertos de ocio, es decir las playas limpias y públicas y las instalaciones de servicios, deberían incluir una idea nueva: pensar no solo en el plano horizontal de las mismas, sino también pensar en una grada de acceso, que incluya aparcamiento, desde la ciudad hasta las playas y, entre ellos, un acuario y los elementos de parque acuático complementarios. No se debe y dudo que se pueda, sin altos costes tanto de dragado como de gestión y de mantenimiento, pensar en una poza acuática.

Hay que pensar en edificaciones de nuevos usos terciarios para la ciudad: menos hoteles, con unos pocos de calidad, y más usos derivados de la economía post-industrial (oficina y actividades limpias) que considero se deberían trasladar para construir un nuevo tramo urbano, entre Tarqui y el mar, y no frente o alrededor de la poza. Esa zona urbana podría tener dos estrategias: la primera de renovación y la segunda de grandes obras de nueva planta en un nuevo frente o franja de edificios frente al mar, doblando el eje vial en dos vías para eliminar su efecto barrera, con una que se apoye en los edificios de Tarqui y la otra apoyada en la playa litoral. Se trata del modelo ya visible en la actualidad en Río de Janeiro, que fue planificada con criterios de calidad y con un sistema de actuación o de ejecución de integración inmobiliaria. Esta última permite combinar las propiedades litorales con los agentes de urbanización que aporten los costes de las obras de vialidad, infraestructura, verde y equipamientos. Este frente marítimo es una pieza nueva de centralidad terciaria y lúdica que es la base para dar calidad turística a la ciudad, y a la vez define el potencial portuario de la misma. Además del puerto, los otros dos elementos que Manta debería ofrecer a Manabí para el desarrollo de la región son el aeropuerto, con sus nuevas zonas de logística e industria, y el reenfoque de viabilidad para la Refinería.
PORTOVIEJO
En Portoviejo es clave poner el río como base para la calidad de vida de sus habitantes y sus centralidades. Esta ciudad no solamente está ubicada sobre un río, sino que está en medio de un valle, potente en términos de ambiente y de calidad agroalimentaria, que es clave para el desarrollo de todo Manabí. La ciudad debe ampliar y compaginar su dimensión urbana con la dimensión rural de calidad, en el sentido de las funciones de agroalimentación y de servicios eco sistémicos. Hay que tratar el río como elemento de doble potencialidad, que pueda ser al mismo tiempo un área urbana vinculada a la función de parque y un área rural vinculada a sus funciones agrícolas. Ambas funciones deben tratar con el máximo cuidado y respeto ese elemento de carácter natural tan bello y potente para la calidad de la vida urbana y rural. Es por esto que lo mejor sería ordenar el río en dos tramos para facilitar su gestión: un tramo urbano, preferentemente destinado a parques, que se compensaría con los excedentes de los aprovechamientos y/o las edificabilidades surgentes de otros polígonos de intervención territorial, y otro tramo más grande, aguas arriba y abajo de la ciudad, tratado como suelo rural con normas de ordenación, que mantengan la propiedad privada pero la condicionen, en base a la responsabilidad derivada de su función ambiental, con usos agrícolas compatibles con su carácter de río. Esta pieza es la clave de la ciudad de Portoviejo que, sin embargo, debe también potenciar y desarrollar sus centralidades urbanas, es decir el viejo aeropuerto, la nueva zona del CAC, la zona de extensión al sur, desde el eje donde hoy se encuentra el municipio, y por supuesto su centro urbano.

CONCLUSIONES
En conclusión, puedo afirmar que si Manta debe limitar su extensión para concentrar fuerza y dinamismo en la transformación y modernización del frente marítimo, Portoviejo debe aún completar las zonas urbanas extendidas a lo largo del valle y al mismo tiempo debe gestionar con prioridad el parque del río. Ambas ciudades se deben tratar como dos polos diferentes, mejorando sus urbanismos locales, pero pensando que son dos focos de una misma pieza, la zona central de Manabí. Esto incluye las relaciones con los otros cantones de menor talla de la Provincia, siendo evidente la importancia que tienen para los procesos de transformación territorial a nivel de todo Manabí el agua del río y sus fuentes de agroalimentación, el aeropuerto, el puerto y la refinaría reusada. Hay que pensar que los elementos focales de carácter estratégico son de todas y todos los manabitas: la calidad ambiental del valle del río Portoviejo y la calidad del frente marítimo de Manta.