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‘Arte y Metal’, un gran amor por los fierros desde Ecuador

   

El artesano Franklin Rosero, del sector de Chillogallo, hace figuras con metales desechables, pero llegó al arte por un suceso en su vida

Desde billetes falsos hasta piezas de computadora, pasando por tornillos, tuercas, sartenes, ollas y otros objetos aparentemente inservibles, el artesano ecuatoriano Franklin Rosero da vida a innumerables figuras y objetos.

En el sector de Santa Bárbara de Chillogallo, en el sur de Quito, lo encontramos su taller llamado “Arte y Metal”, un sitio en el cual “de la basura se hace maravillas, cosas realmente espectaculares”, manifiesta David, uno de los hijos de Franklin o “el chino”, como le llama su padre.

 

Este quiteño nacido hace 58 años de edad en la Maternidad Isidro Ayora inicia su labor de artesano elaborando objetos de alhambre como pequeños paraguas, los mismos que eran decorados por el croshet tejido por las manos de quien es su gran amor, Silvia Ortiz, siendo de esta manera el sustento que da vida al hogar de la entonces pareja de recién casados.

Con el pasar del tiempo Franklin se dedica a la pintura de buses, la elaboración de muebles metálicos, equipos a gas entre otras actividades que van mejorando su economía.

Pero algo inesperado le deparaba la vida. “Hace 7 años me da un derrame cerebral, me ponen una válvula en la cabeza, estaba perdiendo la vista y el habla, me sacan dos vértebras y los médicos me dan la noticia que voy a quedar muy mal, o me moría o quedaba parapléjico”, cuenta Franklin y dice que esa situación le obligó a vender todas sus herramientas como tornos, dobladoras, entre otros instrumentos.

“Honestamente cuando salí del hospital yo lloraba, decía de qué voy a vivir, que voy hacer, pensaba a qué me dedico”, cuenta con un poco de nostalgia, y añade: “Regresé al taller y pensé -voy a volver al inicio-, todos los materiales que yo botaba antes empecé a recogerlos; mi primera figura fue un tanque de guerra, hice pequeñas bicicletas, empecé a participar en ferias y me decían que está bonito, que siga adelante”.

 

Dependiendo del material con el que cuenta Franklin da rienda suelta a su imaginación y comienza a elaborar la pieza. Muchas de las que ya ha elaborado son originales y exclusivas y se constituyen en un objeto utilitario o decorativo, incluso hace piezas que pueden ser para coleccionistas o simplemente para todo aquel que sabe apreciar un objeto elaborado por las manos de un artesano con talento.

En este taller se encuentra todo tipo de piezas, como dijes para cadenas, anillos, aretes, relojes, celulares, cucharas, pernos, focos de autos, las luces de navidad, tubos, y un sinfín de cosas que para el común de las personas son material de deshecho, en cambio él ve una ventaja allí y nos confiesa: “Por materia prima no sufro, siempre hay amigos o conocidos que vienen al taller a dejarme cualquier tipo de objeto, por que todo lo que yo hago es con material reciclado”.
Es en una pequeña mesa dónde se exhibe la amplia gama de productos que Franklin Rosero los trabaja con mucho empeño y dedicación, este artesano que a pesar de haber sufrido una discapacidad física, le hizo frente a la vida y gracias a su pilar fundamental,su esposa, sus cuatro hijos y sus ocho nietos, encontró una nueva oportunidad en su “gran amor por los fierros”.