
Conocido por su espontaneidad y por romper el protocolo por donde va, el papa Francisco detuvo este martes la caravana papal que recorría el parque Bicentenario de Quito, donde minutos después oficiaría una multitudinaria misa, para pedir que acerquen a una centenaria mujer en silla de ruedas a la que bendijo desde su papamóvil.
“No puede imaginarse lo feliz que me siento… recibir la bendición de Dios a mi edad, que ya tengo 100 años”, señaló la mujer visiblemente emocionada en declaraciones al canal Ecuavisa, que captó el inédito momento en su visita a Ecuador.
La anciana no fue identificada, pero su hija Liliana Rueda contó que solo llevaba a su madre al parque, ubicado en el norte de la capital ecuatoriana, “para que ella se dé una vuelta y se distraiga un rato, pero Dios quiso que nos dé la bendición el Papa”.
“No me imaginé nunca poder alcanzar esto. Mi mami está muy contenta, muy feliz”, señaló.
En una entrevista divulgada en mayo por el pequeño diario argentino La Voz del Pueblo, el pontífice admitió su fama de “indisciplinado”. “Es verdad que acá tengo el apelativo de indisciplinado, el protocolo mucho no lo sigo. El protocolo es muy frío, aunque hay cosas oficiales a las que me atengo totalmente”, contó entonces.
En Quito, Francisco celebró la eucaristía en el parque capitalino que acogió este martes a unas 900.000 personas, según estimaciones oficiales.
Antes de la ceremonia, el papa argentino de 78 años, el primer latinoamericano en ocupar el sillón de San Pedro, llegó al lugar en el papamóvil y recorrió el interior del sitio en medio de la multitud hasta llegar al templete desde donde se dirigió a la población.
El Papa celebró este martes la segunda eucaristía masiva luego de la que se ofició la víspera en Guayaquil. El pontífice llegó el domingo a Ecuador, donde permancerá hasta el miércoles como parte de su gira por Sudamérica que también incluye Bolivia y Paraguay.


















